Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajes. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de junio de 2012

Scones



Tengo una amiga que dice que si nunca te pasan cosas no aprendes nada de la vida. Supongo que se refiere a que si todo está siempre bien no sabes cómo enfrentarte a un problema, no puedes desenvolverte en un conflicto, no sabes cuál será el devenir de la situación.
Cuando has sufrido una pérdida, sea del tipo que sea sabes mucho mejor cómo acompañar a alguien que está pasando por ese mismo proceso, si bien serán situaciones distintas y cada uno vive las cosas a su manera, habrá muchas más posibilidades de que se genere una empatía que ayude a entender, ser entendido y sobretodo cuidar y ser cuidado.
Cuando pasan esas cosas, cuando uno se encuentra mal porque perdió, porque se perdió, porque no encuentra, porque lo que encuentra no es lo que buscaba o porque no se encuentra es imprescindible sentirse seguro y querido. Ya sea por ese amigo empático que lo va a entender y acompañar o por el entorno. Todos tenemos un lugar.
Por suerte cuento con esos amigos, no son muchos pero los que son... madre mía, valen su peso en oro! (o puede que más, que hay alguna canija por ahí que no rellena los pantalones) Unos están a la vuelta de la esquina, otros están a 14.000 km de distancia, otros están en el medio de esa cantidad absurda de horas de diferencia. Pero están.
Y por suerte también tengo el lugar. Ojo! Nótese que digo que tengo suerte! Y es que el lugar está ahí abajo, porque como decía uno de los grandes: el Sur también existe.
The place to be? Uruguay, concrétamente Maldonado. Para qué nos vamos a engañar, es feo de narices. Es una ciudad pequeña, estilo pueblo, con un centro horrible, feo feo. Pero gracias a su pequeñez (hablando siempre de tamaño, claro) se sale rápido de ese feo centro neurálgico y en 5 minutos te plantas a unas pocas calles del mar, porque en Maldonado todo te lleva al mar.
Mi deporte favorito cuando estoy ahí es ir apalancarme en casa de mi amiga Gaby y su generoso novio Jorge y cocinar. Por la tarde me paseo hasta la playa, mate en mano, termo bajo el brazo, al más puro estilo uruguayo y disfruto como una enana del paseo y del mar. Las mañanas son de las chicas, de las chicas y del pequeño Luca de dos años. Salimos, de nuevo mate en mano, de paseo a la placita, a la peatonal, pasamos por Ta-Ta (el súper) y hacemos los recados que haga falta pero eso sí, antes de nada la paradita en la maravillosa panadería que vende los mejores scones de queso que he probado en mi vida. En realidad sólo los como en Urugay y esa es sin duda la mejor panadería de todas. Nos compramos unos 6 o 7 sconcitos a repartir entre las dos (siempre le cae uno a Luca) y los comemos junto con el mate. Son tan y tan buenos que he llegado a madrugar sólo para ir hasta la panadería a “primera” hora (las 10.00) para poder conseguir, porque están taaaaaaaaaaaan buenos que vuelan.
Y cuál fue mi sorpresa (ignorante de mi) al descubrir que es un bizcochito típicamente inglés!! Y no sólo eso!!! Hay recetas por todas partes!!! A cuál más apetecible!!!!
Así que hoy, con esa morriña de mi amiga y su familia, su casa, mi lugar favorito en el mundo (no he visto mucho tampoco) y ese resabio de sabor a pancito de queso con mate me he decidido a hacer una receta de:

Scones de Queso, de la mano de la maravillosa Isabel de Aliter Dulcia
Estos son los míos y han quedado buenísimos!!

Bon profit a tothom!

sábado, 3 de septiembre de 2011

Volver a empezar


Empezar de nuevo nunca es fácil, es emocionante pero no fácil y si a eso le sumamos que suele hacerse porque lo anterior ya no vale, doble dificultad. Cambiar de casa, cambiar de barrio, cambiar de trabajo, hasta cambiar de peinado puede ser una tortura! Pero cambiar de país... ahí la emoción es doble y la dificultad triple.
Para una mudanza tan grande hay que empezar pronto, abrir armarios, cajones, altillos y no se sabe cómo ni de dónde empiezan a salir cosas y cositas y más cosas y más cositas, y fotos y cartas y libretas y papeles, además de la ropa... la de verano, la de invierno, la de media estación, bambas, botas, chanclas, zapatitos... los maquillajes, las gomas de pelo, los pasadores, la cajita de pendientes, la de los bolis, la de las cosas que no sabes si sirven para algo pero no vas a tirar... y en dos días llenas bolsas de basura con esas cosas que cabían en un cajón y ahora no tienen sitio en tu maleta, pobres cosas... yo me consuelo pensando que el “Punt Verd” les encontrará un lugar mejor.
Y aquí me encuentro, con ochocientas maletas, todas llenas con mis cosas. Las miro con un desespero tal que me entran ganas hasta de llorar y no por la inminente mudanza, porque me pregunto ¿cómo puedo llegar a acumular tanto con tan poco dinero?
Y bueno, aquí termina una etapa para empezar otra, digo yo que habrá un momento para todo y mientras uno sea y se sienta joven tendrá toda la vida por delante para hacer las cosas que se proponga.
Salud y besos a todos!